Leyenda de la cacería del Rey Valdemar

Leyenda de la cacería del Rey Valdemar

La leyenda del Rey Valdemar nos explica el origen de una maldición que sufre este hombre a causa de un anillo mágico, el cual en sus inicios llevaba su hija Tove. La joya provocaba que el hombre tuviera un amor desmedido por su poseedor, esto impidió que a la joven se le diera santa sepultura después de haber fallecido, ya que el gobernante se hacía acompañar del cadáver a todos lados. Después un cortesano se dio cuenta que el retorcido apego que el monarca tenia se debía a la joya, y la retiró del cuerpo.

El joven conservó la argolla para evitar que cayera en manos equivocadas, el rey hizo que enterraran a su hija, pero al mismo tiempo empezó a ver al chico con otros ojos y lo quería tener cerca todo el tiempo, por supuesto el muchacho sabia que todo eso lo provocaba el anillo y para terminar con aquella molestia fue a arrojarlo al estanque de Gurre. Entonces el monarca quiso pasar ahí todo el tiempo posible, hasta mando construir un castillo cerca, y un día cometió la osadía de decir: “¡Si se me permitiera cazar en Gurre para siempre, bien podría Dios quedarse con el Cielo!”, esta blasfemia le hizo entonces merecedor de un gran castigo, pues tras su muerte, se le convirtió en el comandante de una partida de caza sobrenatural que encantaba los bosques daneses.

Desde entonces, se cree que frecuenta los alrededores de las ruinas del castillo de Gurre. Antes de hacer su aparición, se escuchan terribles aullidos, bramidos y latigazos, estas son las señales de que uno debe esconderse o alejarse lo mas posible, pues de lo contrario se toparía con el espíritu del rey montado sobre su espectral caballo blanco y acompañado de una jauría de canes salvajes, los perros son negros, con largas lenguas humeantes que le cuelgan fuera de la boca.

No existe obstáculo para sus cabalgatas nocturnas, y acostumbra a cruzar por la planta baja de las viejas casonas, por esta razón le dejan las puertas abiertas, pues de otra forma se encontrarían con las cerraduras rotas cada mañana; en otras ocasiones, pasa el caserío saltando con su corcel hasta el tejado. Sale a cazar todas las noches, pero es mas activo en la víspera de San Juan.

Ningún obstáculo detiene al rey en sus galopadas nocturnas. Atraviesa en ocasiones los estrechos pasajes que cruzan la planta baja de algunas casas viejas, motivo por el cual durante la noche se dejan abiertas las puertas que cierran estos pasadizos. De otra manera, a la mañana siguiente las cerraduras aparecían reventadas por el paso de Valdemar. Otras veces salva las casas saltando a su tejado, y de ahí otra vez al suelo.

La escena fantasmagórica resulta muy aterradora sobre todo para aquellos que se cruzan en el camino de caza del monarca maldito, Valdemar IV.